June, 2001

Trayectoria Histórica en el Tiempo

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Nota del editor: Estamos encantados que el Doctor Larry White colabore con este editorial. La experiencia del Dr. White como clínico, Editor del JCO y como catedrático de un Departamento del Ortodoncia le da una perspectiva única de la condición en la educación ortodóncica en los Estados Unidos. Aunque alguien encuentre este ensayo controversial, la intención es hacernos pensar acerca del estado actual de la educación de nuestra profesión y de los problemas de demanda y suministro para los ortodoncistas. Sus comentarios y/o refutaciones serán bienvenidos.


Dr. Larry White

El suplemento de la Revista American Journal of Orthodontics de Abril, 2001 tiene un hecho histórico que ilumina algunos de los notables logros de la Asociación Americana de Ortodoncia durante el siglo pasado. El tiempo tiende a borrar algunos recuerdos y se nos olvida que la profesión no siempre ha tenido piezas de alta velocidad, el American Board of Orthodontics o un secretario del AAO.

Otro desarrollo que ocurrió en 1970 fue la disolución del programa de tutorías en ortodoncia, el cual la AAO apoyo en 1940. Este programa de entrenamiento ortodóncico permitía al dentista ser un aprendiz establecido como miembro de la AAO por tres años y luego establecer su propia credencial de especialista aprobando un examen. En 1970, la presión del AAO por consolidar y balancear los entrenamientos ortodóncicos sancionaron varios programas universitarios.

Superficialmente este cambio parecía inofensivo, pero nada altero más a la ortodoncia que éste mismo, produciendo un cambio brusco en el futuro de la ortodoncia en las universidades de Estados Unidos. Desde ese momento, ellos determinarían la dirección de la profesión; las universidades y sus profesores decidirían quien y cuantos alumnos serían admitidos, el programa de estudio, las horas dedicadas a la investigación, la cantidad de experiencia clínica, el tiempo de los programas, etc. La AAO a través de su Casa de Delegados tiene algunas intervenciones, pero ha sido mínima para no interferir con la autonomía y discreción individual de las instituciones que manejan estos programas.

¿Cómo funciona este trabajo? La mayor parte bastante bien, pero recientemente los responsables de este cargo le han informado a la AAO que existe una crisis en la educación ortodóncica.

Actualmente, por lo menos 10 puestos en los programas de ortodoncia están vacantes; aproximadamente 100 puestos de tiempo completo permanecen vacíos en los departamentos de ortodoncia. Si no fuera por los generosos medios tiempos de nuestras universidades, muchos de los programas de ortodoncia ya hubieran cerrado. Con esta disminución de profesores, es difícil ver como los proyectos en la educación actual de ortodoncia pueden permanecer viables y saludables. La crisis que yo he experimentado brevemente tiene tres aspectos: personal, clínico y productos.

La mayoría de las universidades se quejan de que no pueden competir por el personal debido al bajo salario que sus instituciones pagan, pero esto no es del todo cierto. Las escuelas tienen salarios límites que pueden ser fácilmente violados. Todavía muchas escuelas limitan drásticamente lo que sus profesores son capaces de ganar fuera de los empleos de las universidades. Algunas universidades insisten en que el profesor contrate o haga prácticas intramurales ineficientes y altamente limitadas como único suplemento de su salario, ellos prohíben cualquier práctica independiente extramural.

De igual forma más y más escuelas insisten en que los catedráticos deben tener un Ph.D., así como también un NIH de investigador, los cuales se obtienen supuestamente con dichos grados. De hecho la búsqueda de contratos federales se ha vuelto una prioridad de tiempo completo que ha relegado la enseñanza ortodóncica a un estado secundario.

Otra barrera que ha surgido para aquellas personas que han obtenido su doctorado, ha sido la reciente tendencia en las escuelas de dar trabajo sólo a aquellos que publican artículos en revistas de alta categoría; sin embargo ninguna de las revistas de ortodoncia en el ámbito mundial está catalogada en los primeros o segundos lugares de publicación que las universidades reconocen, lo que significa que un ortodoncista con un Ph.D. necesitaría publicar sus trabajos en campos completamente fuera de la ortodoncia, lo que dicta que su estadía en lo académico estaría dada por disciplinas que no se relacionan con la ortodoncia. Como por ejemplo, tengo un amigo que es ortodoncista e investigador de primera categoría, profesor clínico y un escritor frecuente de artículos, los cuales les negaron su práctica de una manera inconsciente.

Un Ph.D podría preparar mejor a las personas para una carrera de investigación, pero transmitiría de forma deficiente los conocimientos clínicos, sin embargo, los decanos de las escuelas de odontología apoyan cada vez más éste tipo de personal. En algunos casos tenemos el escándalo de que personas que no son dentistas imparten cátedras en los departamentos de ortodoncia, lo que desplaza aun más las características clínicas. Además, solo un poco más del 50% de las cátedras de ortodoncia en las escuelas americanas son miembros del American Board of Orthodontics. Mientras que el ABO no es necesario en la ortodoncia, lo que indica un mínimo interés en la habilidad y conocimiento clínico. Tales decisiones son en la mayoría dados a los decanos de las instituciones, por lo que sí existe una crisis del personal en la educación ortodóncica estos son inflingidos internamente y solamente tenemos que reunir a los líderes de nuestras escuelas.

Los decanos que han tomado un acercamiento pragmático a este problema tienen o no dificultades en resolverlos. Las Universidad del Pacífico me recuerdan a una institución que permite tener prácticas independientes, de tal manera que sus profesores son capaces de manejar financieramente su práctica de medio tiempo o tiempo completo de profesorado como lo hicieran en una práctica ortodóncica de tiempo completo.

Aquellos que desean un tiempo completo de enseñanza no deben ser afectados económicamente por su vocación académica; lo cual generalmente pasa en la mayoría de los departamentos de ortodoncia, en donde muchos catedráticos simplemente deciden que no pueden enseñar a tiempo completo por todas las restricciones institucionales y por el bajo arancel económico de ganancia. ¿Quién los puede culpar? Una familia no puede ser afectada por la vocación de la enseñanza, no obstante, si estas personas pueden complementar los bajos salarios con trabajos extras muchos más estarían pensando en dar cátedra, y a lo que se ha llamado "crisis del personal en la educación ortodóncica" disminuiría.

Una segunda característica en la crisis de la educación ortodóncica que está cercanamente relacionada al personal es el problema económico, lo cual produce que se alejen de los departamentos de ortodoncia. Tradicionalmente los departamentos de ortodoncia han sido un sólido centro de ganancia para las escuelas dentales, tanto que los ingresos de estos departamentos son frecuentemente utilizados para ayudar a los departamentos menos lucrativos. Por lo que todos los meritos de esas decisiones administrativas que son siempre obligatorias, han sido diluir o limitar a los profesores de ortodoncia y dichos en riesgo.

No es por accidente que los departamentos de ortodoncia más exitosos y mejor vistos son aquellos que en sus plazas han mantenido personas preparadas y han contratado más empleados en comparación a sus ingresos.

No estoy seguro como se desarrolla esta gran dependencia de las escuelas en los departamentos de ortodoncia, pero hoy en día es casi universal. Sin los ingresos generados por los departamentos de ortodoncia muchos programas de éstas escuelas estarían en peligro. Mi sospecha es que los patrocinadores de la escuela como la legislatura del estado continúan exprimiendo el presupuesto y los decanos comienzan a buscar fondos en donde los puedan encontrar.

Sin embargo, esta es una situación económicamente insostenible ya que las instituciones deben decidir si realmente quieren graduar departamentos de ortodoncia y suministrarles fondos adecuados o definitivamente cerrarlos. La característica final de esta crisis es el producto final de nuestras escuelas o los graduados. De los 300 residentes de ortodoncia que se gradúan cada año, 100 de ellos son extranjeros los cuales regresarán a su tierra natal; lo que deja únicamente a 200 que sustituyen a 300-500 ortodoncistas que actualmente se retiran cada año. Esto ocurre mientras que la demanda de servicios ortodóncicos sigue en aumento.

Aunque los ortodoncistas sientan que la falta de competencia es algo bueno, ellos no deben esperar que la población, el gobierno federal y el estatal piensen de la misma forma; ya que estos tienen un historial de intervenir y regular las profesiones e industrias en forma que no son siempre beneficiosas para todas las partes.

Una solución puede ser limitar el número de los estudiantes extranjeros, lo cual aumentará el volumen de ortodoncistas que se quedarán y practicarán en los Estados Unidos. Ciertamente no existe escasez de estudiantes americanos calificados para estas 100 plazas que no serán tomadas por los estudiantes extranjeros. Hace algún tiempo no existía alternativa de centros de entrenamiento para las personas de otros países, actualmente prácticamente todas las naciones del mundo libre tienen un programa de primer nivel. La presencia de ortodoncistas extranjeros ha enriquecido los departamentos de ortodoncia y ha aumentado la influencia Americana en el ámbito mundial; pero últimamente, la prioridad de las universidades americanas es de servir a sus propios ciudadanos y actualmente estamos en peligro de no serlo.

Anteriormente la mayoría de los programas universitarios de ortodoncia era de dos años, actualmente la ADA aprueba el programa que todavía esta diseñado para dos años, sin embargo, desde la pasada década la mayoría de las universidades han extendido sus programas de ortodoncia a tres años. La justificación de esto es permitir a los residentes completar una investigación significativa, no obstante uno de los efectos ha sido retardar estos nuevos ortodoncistas a la población.

Hasta hace poco, nadie ha estudiado y mucho menos descubierto si este año extra de entrenamiento es benéfico para los residentes. Por ejemplo: ¿Hacer tres años de residencia hace que realicen el Diplomado de ABO más frecuente que los residentes de dos años?, ¿Hace más confiable al graduado y/o a los miembros de la Sociedad?, ¿Pertenecen con regularidad a más grupos de estudio?, ¿Publican más artículos profesionales?, ¿ Terminan los tratamientos más minuciosamente?.

Un estudio ya terminado en LSU (Universidad Estatal de Louisiana) muestra que no existe diferencia significativa en los que se gradúan en dos años a los de tres años; de tal forma, que estamos haciendo un daño a los residentes y a la población, aumentando tres años los programas de ortodoncia.

Se ha dicho que todos los acontecimientos son una retroalimentación, lo cual ha sido fortalecido históricamente por el AJO en mi pensar. Muchos de los mejores y más colaboradores Ortodoncistas que he conocido durante mi vida profesional, han sido aquellos que se han entrenado en programas tutórales, ejemplo: Reed Holdaway, Charles Tweed, Tom Creekmore, Homer Phillips, Tom Matthews, Jim Reynolds, Birte Melsen, Giorgi Fiorelli, etc. No creo que alguien cuestione la capacidad, la contribución y la dedicación de estas personas. ¿Sería posible formar otra vez este tipo de profesionales con programas tutórales? Tal vez es tiempo de echar un vistazo a los programas tutórales como medio de complementar nuestros programas universitarios, para auxiliar la falta actual de Ortodoncistas, la cual aumentará en un futuro cercano.

Yo confío que los métodos de la AAO y la ADA que acreditan los programas universitarios pueden ser fácilmente adaptados para programas tutórales de entrenamiento ortodóncico. La desigualdad de la educación en los programas previos fué debido a una técnica deficiente de los doctores participantes.

Grupos acreditados pueden resolver éste problema aprobando solo doctores que cumplan criterios especiales de desenvolvimiento para programas tutorales e imponiendo ese estándar como lo hacen para las instituciones. Los ortodoncistas que deseen retirarse pueden calificar para aceptar y entrenar a un aspirante dentro de estos programas.

La lección de todo esto es que la profesión no puede continuar en el mismo camino de bajada que nos ha hecho entrar en esta crisis; de alguna forma tenemos que regresar a un camino que nos permita servir a nuestros miembros, residentes y a la población de una manera ejemplar.

Favor enviar sus comentarios al correo: Editors@oc-j.com


Contributed by:

Dr. Larry White

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